MISTERIO

Descubren que Plutón comenzó siendo un planeta caliente con océanos


Hasta ahora y debido a su ubicación tan lejana del Sol, los científicos pensaban que el origen del planeta enano debió ser muy frío. Sin embargo, nuevos análisis de los datos obtenidos por la sonda New Horizons parecen indicar lo contrario, que Plutón arrancó en caliente y con océanos.

Las flechas marcan las fallas sobre la superficie de Plutón que evidencian la expansión de la corteza, algo que los científicos piensan es debido al congelamiento del océano subsuperficial. Crédito: NASA/Johns Hopkins University Applied Physics Laboratory/Southwest Research Institute/Alex Parker.

El estudio, publicado en Nature Geosciences por un equipo de investigadores de la Universidad de California en Santa Cruz, explica que Plutón pudo tener un «origen caliente». Según los científicos, la acumulación de materiales nuevos durante la formación del planeta podría, en efecto, haber generado el calor suficiente como para crear, casi desde el principio, un gran océano de agua líquida capaz de perdurar hasta nuestros días bajo la corteza helada, incluso a pesar de la lejanía del Sol.

«Durante mucho tiempo la gente se ha hecho preguntas sobre la evolución térmica de Plutón y la capacidad del océano subterráneo para sobrevivir hasta nuestros días. Ahora que tenemos imágenes de la superficie de Plutón de la misión New Horizons de la NASA, podemos comparar lo que vemos con lo que predicen los diferentes modelos de evolución térmica», explicó Francis Nimmo, coautor del estudio.

Según Carver Bierson, primer firmante de la investigación, dado que el agua se expande al congelarse y se contrae al derretirse, los distintos escenarios de formación caliente o fría tienen diferentes implicaciones para la tectónica y las características de la superficie resultante de Plutón.

«Si comenzó a enfriarse y el hielo se derritió internamente, Plutón se habría contraído y deberíamos ver características de compresión en su superficie, mientras que si comenzó a calentarse debería haberse expandido a medida que el océano se congeló y deberíamos ver características de extensión en la superficie», detalla Bierson. «Vemos mucha evidencia de expansión, pero no vemos evidencia de compresión, por lo que las observaciones son más consistentes con Plutón comenzando con un océano líquido».

Pero si Plutón tuvo un origen caliente, ¿de dónde salió la energía necesaria para ello? Los investigadores explican que las dos principales fuentes de energía serían, por un lado, el calor liberado por la descomposición de elementos radiactivos de las rocas; y por otro, la energía gravitacional liberada a medida que los nuevos materiales bombardeaban la superficie del protoplaneta en los lejanos tiempos de su formación y crecimiento.

Los cálculos de Bierson muestran que si toda la energía gravitacional hubiera sido retenida en forma de calor en el interior del planeta, esa energía crearía, de manera casi inevitable, un océano líquido inicial. Sin embargo, si la acumulación de material nuevo se hubiera producido lentamente, gran parte de esa energía habría sido irradiada lejos de la superficie.

«Cómo se formó Plutón en primer lugar es muy importante para su evolución térmica. Si el material caliente se hubiera acumulado muy lentamente, habría irradiado mucha energía al espacio. Pero si se hubiera acumulado lo suficientemente rápido, el calor habría quedado atrapado dentro», señala Bierson.

Los investigadores calcularon que si Plutón se formó a lo largo de un periodo de menos de 30.000 años, entonces su origen fue caliente. Si, en cambio, la acumulación de material que formó el planeta tuvo lugar a lo largo de varios millones de años, el origen caliente habría sido mucho más difícil.

Los nuevos hallazgos implican que otros objetos grandes del cinturón de Kuiper también pudieron tener un comienzo similar. Lo cual significa que muchos de ellos, igual que Plutón, podrían tener océanos tempranos, y que en los objetos más grandes, como los planetas enanos Eris y Makemake, esos océanos podrían haber persistido hasta nuestros días.

Fuente: Nature/Space.com. Edición: EP/ABC.es.





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