MISTERIO

Investigador brasileño graba extrañas esferas de luz en el Amazonas

Pequeñas esferas luminosas y voladoras fueron registradas por el investigador, quien viajó a una aldea donde los indígenas habían reportado el fenómeno.

Una de las esferas luminosas fotografiadas por Vernet.

Una de las esferas luminosas fotografiadas. Crédito: Rony Vernet.

En 2013, comenzaron a registrarse avistamientos de misteriosos ovnis sobrevolando la aldea Apiwtxa, habitada por el pueblo indígena Kampa do Amônia, ubicada en Acre (frontera con Perú). Al menos uno de estos objetos, el 24 de julio de 2014, descendió a la aldea y emitió rayos de luz hacia los pobladores. El incidente resultó en una solicitud de ayuda a la Fundación Nacional de los Pueblos Indígenas (FUNAI), que a su vez contactó a la Policía Federal y las Fuerzas Armadas para resolver la situación.

La Policía Federal inició una investigación en ese entonces y, al año siguiente (2015), el Ministerio Público Federal abrió otra más después de que la antropóloga Carolina Comandulli reportara contacto con uno de estos fenómenos.

Registrando el fenómeno

Rony Vernet, ingeniero, estudiante de física y fundador de UAP Brasil, decidió involucrarse en el asunto luego de enterarse que los misteriosos episodios en Apiwtxa y otras aldeas cercanas no habían desaparecido ni se habían resuelto.

Así, en junio de este año, el ingeniero emprendió un viaje en solitario equipado con varios dispositivos tecnológicos de última generación.

Vernet estableció una verdadera base de monitoreo in situ. Instaló cinco cámaras, incluida una cámara robótica con zoom de 25x, una cámara «Allsky» de 12 megapíxeles y otras tres en resolución 4K. Además, contó con once sensores diversos, todos conectados a una red de internet satelital Starlink, lo que permitió la transmisión diaria de datos a la nube.

Ruidos extraños en la selva

«El primer día, fui testigo de muchos eventos del tipo poltergeist. No vi eventos luminosos o fenómenos anómalos no identificados (UAPs). Eran más bien fenómenos con sonidos extraños. Por ejemplo, estaba allí en medio del silencio —un silencio extremo en la jungla— y escuché un ruido de muebles, o una cama metálica fuerte siendo rasgada contra el suelo de madera. Era un sonido muy claro, no había forma de que pudiera ser otro sonido en medio de la selva. Sentí un miedo muy extraño en mi corazón», contó Vernet en una reciente entrevista con el periodista Ross Coulthart.

«Uno de los aspectos positivos del viaje fue que cada noche un chico indígena se acercaba y me decía: “Rony, ¿puedo ir contigo? ¿Puedo observar contigo?”. Fue una interacción muy buena con ellos, me ayudaron mucho porque conocían el lugar. Inmediatamente corrí con ellos al lugar para verificar si había alguna fuente que pudiera explicar ese sonido. Y no fue posible encontrar ninguna cama metálica allí, ningún mueble que pudiera explicar ese sonido que escuchamos».

«Durante la noche, volvimos a escuchar muchos sonidos extraños de personas caminando en la hierba, en el bosque, cosas siendo rasgadas contra el suelo, empujadas y tiradas. Escuchamos muchos de esos sonidos durante la primera noche. Ese fue mi primer contacto con los fenómenos extraños allí», añadió.

Orbes naranjas

«La segunda noche, comenzamos a observar los fenómenos. El día anterior, durante el día, entrevisté a algunos indígenas y tengo mucho material, casi 20 entrevistas en video de indígenas hablando de lo que presenciaron, encuentros cercanos increíbles», continuó el investigador brasileño.

«La mayoría de ellos describen una esfera naranja o amarilla, una esfera dorada como una bola de fuego que desciende cerca del suelo, cerca de las casas. La mayoría de las veces, estas bolas de fuego están en los techos de sus casas, muy bajas, como observándolos. Y cuando piensan en apuntar a la bola, esta desaparece. Muchos me dijeron que parecía que la esfera podía percibir lo que estaban pensando en ese momento», añadió.

Ante esto, Coulthart le preguntó si él mismo había avistado una de estas esferas u orbes naranjas.

«Sí, la primera observación fue una esfera naranja, no cerca, pero sí visible, parpadeando en un fuerte naranja y amarillo. Esta luz iba alrededor de toda la aldea, siempre al nivel de los árboles. No era algo lejano en el espacio o en el aire, estas luces estaban al nivel máximo de la copa de los árboles. Iba alrededor de la aldea y luego se adentraba en el bosque», relató.

«Estaba solo con mi cámara y mi teléfono celular, que tenía un accesorio para conectar mis binoculares y obtener más zoom y detalle. Así que hablé con las personas del lugar y les pregunté dónde se veían más estos objetos, de dónde venían y hacia dónde iban. Casi todos coincidieron en que iban hacia una dirección específica, hacia el oeste desde la aldea. Empecé a investigar en esa dirección y los objetos que vi la segunda noche entraron exactamente en esa dirección que me indicaron».

Vernet aclaró que, a diferencia de las historias de años anteriores, estos orbes no dispararon haces de luz ni nada por el estilo cuando él estuvo allí, sino que se limitaron a aparecer, moverse y brillar. Su tamaño, de acuerdo a los testimonios que recogió, era siempre entre 1 y 2 metros de diámetro.

¿Existe una explicación natural?

Muchos han sugerido que estos orbes naranjas podrían responder por fenómenos naturales en lugar de anómalos. Por ejemplo, la proximidad de varios ríos en la aldea amazónica donde se reportan los orbes puede influir en las condiciones ambientales y posiblemente en la aparición de los llamados fuegos fatuos. La alta humedad y la abundancia de materia orgánica en descomposición en las orillas de estos ríos podrían contribuir a la formación de gases inflamables que, al combustionar, generen las esferas de luz reportadas.

El hecho que estas esferas sean reportadas volando a baja altura y solo en ciertos horarios del día y direcciones, podría abonar a esta explicación natural.

No obstante, Vernet asegura que las luces en Apiwtxa parecían presentar movimientos inteligentes e incluso reaccionar al ser observadas. Esto mismo ha sido reportado el siglo pasado en otros lugares del mundo, como en Hessdalen, Noruega, o la reserva Yakima en el estado de Washington, EE.UU.

Por MysteryPlanet.com.ar.