La venganza de Hitchcock y el fenómeno de los pájaros que cantan a las 3 de la madrugada


Si eres de los que se levantan en la noche o sufres de insomnio, sobre todo por la situación actual del mundo, seguramente habrás notado un raro fenómeno que no sucedía meses atrás. Las aves parecen comenzar su canto más temprano, cuando el sol ni siquiera piensa en asomarse y la luna aún está campante en el firmamento. ¿Qué está provocando este comportamiento?

Aves cantando de noche.

Debo a la periodista argentina Carola Gil la idea de esta recopilación de informes y teorías, a partir de un tuit casi anodino que compartiera en las redes. El fenómeno lo venía comprobando yo mismo desde hacía un par de semanas, pero debo admitir que no era una inquietud de aquellas que me perturban el sueño (podría suponerse que ello, de ocurrir, sería más probable por la hora de los hechos; pero tengo el sueño profundo como el de un niño y qué mejor que arrullado por el trinar de los pájaros) y el espacio intelectual es limitado, con lo cual los interrogantes y extrañezas suelen ordenarse de acuerdo a un caprichoso orden de importancia.

Sucedió que Carola llamó la atención que en plena ciudad de Buenos Aires, a horas inopinadas de la madrugada (dos o tres horas de cada día) escuchaba cantar a las aves en lugar y momento absolutamente insólito. Decía que yo lo venía comprobando hacía un par de semanas en la localidad donde vivo y me sorprendió que alguien lo considerara tan particular como para comentarlo, amén de suficiente raro como para interesarse. Supe, entonces, que el hecho trascendía lo meramente local para adquirir dimensiones —y seguramente, explicaciones— poco comunes. Inicié entonces una «encuesta» en las redes —y aquí, debo detenerme y agradecer al casi centenar de respuestas que he tenido— que arrojó un resultado sorprendente.

Comenzar a investigar entonces un poco y reflexionar mucho sobre ello fue, entonces, inevitable.

Los reportes llegaron de los puntos más disímiles de mi mismo país: ciudad de Buenos Aires, mi propia ciudad de Paraná, Santa Fe, Berisso, Avellaneda, Santiago del Estero, La Plata, Ituzaingó, Rosario, Quilmes, Resistencia, Capilla del Monte, San Miguel del Tucumán, Marcos Paz, San Juan… La particular y siempre subjetiva discriminación algorítmica de las redes naturalmente provocó un mayor flujo de comentarios de mi propio país, pero también los recibí de Barcelona, Toledo (España ambos), Coquimbo (Chile), Concepción (Chile), Montevideo (Uruguay), Isla Taboga (Panamá).

La primera conclusión es que el fenómeno trasciende lo simplemente localista, adquiriendo características casi mundiales. Pero, ¿de qué fenómeno estoy hablando, estrictamente? De que diversas variedades de pájaros comiencen a cantar en plena noche, en lugares absolutamente inesperados y no como un inusual pero entendible fenómeno biológico que va apareciendo a través de los años, sino disparados desde hace, como mucho, alrededor de primeros días de setiembre.

Es natural que la reacción natural sea buscar explicaciones, precisamente, «naturales». Básicamente dos: la iluminación LED en las ciudades que alteraría el ritmo biológico de las aves, y los incendios en bosques y llanuras que expulsarían a los pájaros de su hábitat.

Para el segundo caso, sirva la ocasión para señalar, sin ánimo de crítica, la mirada localista que muchos lectores de las redes parecen tener: ustedes hacen un comentario general, que puede aplicar a toda la humanidad, y siempre aparece alguno entendiendo que uno «quiso» decir algo sobre la situación política de su terruño. Seguramente porque escriben así y piensan así, deducen que todos deben hacerlo igual. Entonces y en este caso, los numerosos y penosos incendios que asolan distintos puntos de la Argentina los lleva a entender, fácilmente, que solamente huyen de sus parajes y lo hacen a las ciudades. Se sorprenden cuando uno les muestra que pasa en todo el mundo (y obviamente en muchos lugares donde no hay incendio alguno), lo que, incidentalmente, me lleva a preguntarme por la facilidad «opinóloga» sin siquiera informarse un poco antes sobre los alcances de aquello sobre lo que van a opinar.

En cuanto a la iluminación LED, la explicación ciertamente parte de algunos biólogos consultados. Explicación factible… otra vez, si el fenómeno solo fuera local. Supongo que satisface al periodista que entrevista (y al ego del entrevistado) así como a un puñado de lectores, pero nuevamente es sólo una opinión, y una opinión apresurada ya que ignora el alcance global del tema. Porque, ¿qué decir ante los numerosos testimonios de poblaciones donde no hay iluminación LED o —en algunos casos— directamente casi no hay iluminación por las noches?

El fenómeno no tiene fronteras. Ciudades tumultuosas, aldeas pequeñas, suburbios campestres, cerca de la montaña, ríos, mar. Pero sí tiene algo brutalmente significativo: comienza a manifestarse hace sólo —al momento de escribir esto— unas semanas atrás.

¿La cuarentena? (en franco eclipsarse en los últimos meses). Algunos quisieron encontrar un correlato. Pero si el «silencio de la humanidad» fuera el motivo, entonces tendría que haberse manifestado en abril, mayo, y no en momentos tan recientes. Pero en abril y mayo estábamos ocupados con otro extraño fenómeno que también supo ocupar espacio AQUÍ: los «cielomotos». Que desde hace semanas dejaron de reportarse. Casi al tiempo que la Naturaleza —por decirlo así— comenzó a manifestarse de esta otra llamativa forma. Ya deducirán ustedes en qué dirección van mis pensamientos.

Cambio de frecuencia

Me han ofrecido también la «solución» que «el planeta cambia su frecuencia». Debo admitir que mis escasas luces me impiden terminar de sumarme a esta explicación. Sí, ya sé, para muchos es un «hecho» demostrado y existen numerosos artículos y —cuando no— videos en YouTube explicándolo, pero no termino, si no de comprender la idea, de convencerme que las «evidencias» presentadas son correctas. Disculpen los sensitivos y canalizadores, pero si se me presenta un argumento basado en una situación «física», material, necesito pruebas materiales, no subordinadas a lo que me «resuene» o a lo que me diga mi tercer ojo, que aquí deberá esperar.

Pero tal vez este fenómeno sobre el que advierto sí sea una semiplena prueba que acompañe a los defensores del cambio de frecuencias. Aunque voy más allá: ¿y qué, si lo que diferenciamos como Naturaleza y Nosotros es el gran error perceptual y el fenómeno anticipa cambios radicales y profundos en nuestra propia naturaleza, si no física, cuando menos mental, social y espiritual?

Escribió Jung: «El Inconsciente —o lo que nosotros designamos con este nombre— se me presenta en su aspecto científico o filosófico o quien sabe si con más exactitud en el religioso». En otras palabras propone que lo que llamamos Inconsciente puede ser la expresión «personal» de una Matriz o Fuente universal.

En esta línea, me pregunto si los «cielomotos» primero y el inusual comportamiento de las aves no podrían configurar un tipo de evento que llamaré «fenomenología pulsátil»: formas de «pulsión», ya sea de Gaia, Natura o como quieran llamarle, al pairo (o reaccionando) a pulsiones del Inconsciente Colectivo y a su vez, éste preanunciando movimientos verdaderamente energéticos (en el sentido de energía de la libido Colectiva); aplico aquí de lleno el Principio de Sincronicidad junguiano. El insigne sabio suizo supo llamar la atención sobre ello cuando tanto él como sus colegas, en los años previos a la Segunda Guerra Mundial, comentaban la profusión de sueños apocalípticos de sus consultantes, y ya sabemos cómo continuó la historia. Ahora bien, concretamente, ¿qué estaría preanunciando, aquí, esta «fenomenología pulsátil»?

La Gran Conjunción de fin de año

Quizás esto: el 21 de diciembre de 2020, en Solsticio y con el Sol en el grado 0 de Capricornio, se producirá una nueva gran conjunción Saturno-Júpiter. Digo «nueva» porque aproximadamente cada 20 años se repite, y siempre antecede cambios de paradigma. La del año 2000 ya sabemos cómo cambió al mundo de los ‘90 con el del naciente siglo XXI, Torres Gemelas y globalización a través de Internet como jamás se hubiera soñado en las más feraces novelas de ciencia ficción.

Crédito: Jay Ryan at ClassicalAstronomy.com.

Sólo por especular, ¿es entonces azarosa la aparición de esta «pandemia controlada», dándole ocasión y tiempo a los Poderes en las Sombras para retrasar, controlar o desviar mediante el manejo de esa profunda Ingeniería Social que no desprecia lo esotérico y «espiritual», un «movimiento», una «mutación» del pensar y sentir colectivo que podría dispararse a partir de ese evento astrológico?

Mencionan los especialistas en Astrología que este juego de conjunciones pueden agruparse en ciclos de 800 años, doscientos de ellos para cada elemento: Fuego, Tierra, Aire y Agua. Sincrónicamente, la de diciembre inaugura el elemento Aire, regido por Acuario. ¿Qué implica ello? No sé, aunque es un buen momento para recordar este tema y su letra:

Por cierto: allí se transitaban también los efectos de una de estas conjunciones y, apuesta fallida o no, sabemos lo que significó esa época en cuanto a cambios de paradigma. El mundo «comenzó a pensarse» de otra manera, más cercano, por un momento, a la canción:

«Va la Luna a la séptima casa
Y Júpiter, con Marte está
La paz guiará a la tierra
Salió una estrella de amor
Es el comienzo de la era de Acuario
la era de Acuario
Acuario
Acuario
Compresión y armonía
Convivencia y simpatía
No más falsas relaciones
Sueño vivo y esperado
Místicas revelaciones
Y las mentes se liberan con
Acuario
Acuario
Deja
que entre
Deja que entre el sol
Que entre
el sol…»

No me consideraré un astrólogo experto, por lo que admito observaciones —y correcciones— que posiblemente los profundos conocedores del tema me harán. Todo suma, nada resta, aún aquello con lo que estemos, o no, de acuerdo. Pero propongo repensarlo desde este lugar.

Pero en lo que sí me detendré por conocedor (aún así, un lugar donde me ubicaron los demás al margen de mi parecer) es en el de la Ufología. Aún no he volcado en estadísticas exacta, pero en los últimos dos meses —especialmente previos a los hechos que estoy comentando— hubo un brusco ascenso de apariciones y casuística OVNI. ¿Y si una de las manifestaciones que interpretamos como este fenómeno presuntamente extraterrestre o extradimensional fuera también un «evento pulsátil»?

Sigo arriesgando: ¿si «nuestra» pulsación (un «nuestro» que imbrica como una Unidad el Inconsciente Colectivo y Gaia) despierta la curiosidad o atrae a lo que, genérica y ambigüamente, llamamos OVNI?

En fin, espacio para teorías hay suficiente, y hasta aquí sólo hemos planteado algunas ideas. Eso sí, permítanme ser amargamente profético: vaticino comentarios, al pie de los «posts» de enlace a este artículo, de gente que dará su «explicación» (seguramente alguna de las comentadas y observadas aquí) con el talante de quien tiene todas las respuestas y sin haberse tomado el trabajo de leer esta nota. Fue dicho.

La venganza de Hitchcock

Finalmente, ¿por qué «la venganza de Hitchcock» en el título? Porque creo que la famosa película del célebre director fue de sus más incomprendidas, por más que literalmente haya sido llamada «patrimonio cultural». No voy a «spoilearla», pero resumamos diciendo que la historia habla de un romance surgido en un poblado atacado por pájaros enloquecidos (Hitchcock no tuvo que ir muy lejos para inspirarse: dos años antes en California un número enorme de aves se abalanzaron sobre las casas de un suburbio y sus habitantes, provocando la muerte de dos de ellos y dejando las calles tapizadas con sus cuerpecitos destrozados).

El punto es que, si la ven, repiénsenla de una manera «sincrónica» —en 1961 también había fallecido Jung, arquitecto del concepto—. Ambas historias, el romance y las aves enloquecidas, se «acompañan» en todo el film pero —muy propio de Hitchcock— en ningún momento se «explica» por qué presenta una historia relacionada a ese evento. Tal vez deberíamos reflexionar en el hecho que es la única película del británico que finaliza sin el The End

Lo que no conté hasta aquí es que la historia de amor gira alrededor de un par de avecillas domésticas, «objeto» de regalos y excusas para trazar las relaciones humanas. Pienso en la metáfora de empatía entre el colectivo de aves y estos pequeños personajes secundarios —pero imprescindibles para la historia— y la «cosificación» que esos deseos humanos hace de los mismos.

Así que, en lo que este fenómeno concierne, intuyo una relación sincrónica —junto a otros eventos «naturales» como los ya descritos «cielomotos»— pulsando en Gaia como reflejo de un Inconsciente Colectivo que comienza a movilizarse y ser arrastrado por la cercana Conjunción Cósmica. Y si no se puede evitar que ocurra, lentificarla y demorarla y para ello qué mejor —para los intereses de algunos— que sumir a la humanidad en la siesta medicada e idiotizante de una cuarentena

Por Gustavo Fernández.





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