Los restos de un temazcal prehispánico descubierto en un predio de las inmediaciones de La Merced, en el Centro Histórico de Ciudad de México, han permitido ubicar con precisión el lugar donde estuvo el barrio de Temazcaltitlan, uno de los más antiguos de Tenochtitlan.

Foto: Edith Camacho. INAH.

Un temazcal (tomado de las voces indígenas nahuátl calli: casa, y temaz, vapor, es decir, ‘casa de vapor’) es un espacio sagrado para los antiguos pueblos precolombinos que los historiadores rastrean con diversos nombres refiriéndose a una costumbre extendida desde lo que hoy es Alaska hasta Tierra del Fuego. Se trata de la costumbre individual, familiar o comunitaria de tomar baños de vapor en cubículos generalmente hemisféricos, con un sector delimitado por rocas volcánicas a gran temperatura —alimentada exteriormente por un horno de leña— donde periódicamente se vierte agua y previamente se han sumergido plantas medicinales.

Si bien a partir de la persecución de los conquistadores en la mayor parte de América este hábito desapareció, en México en particular y América Central en general ha persistido hasta el presente, siendo sumamente apreciado por sus efectos relajantes, tonificantes o terapéuticos por miembros de todas las clases sociales.

Ahora, un equipo de la Dirección de Salvamento Arqueológico (DSA) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), encabezado por Víctor Esperón Calleja, ha registrado la existencia de uno de estos temazcales en el Centro Histórico de la Ciudad de México. El mismo data del siglo XIV y está elaborado con bloques de adobe y fragmentos de tezontle recubiertos de estuco. En su parte central se ve la tina o pileta de agua para el baño de vapor, así como una de las banquetas que formaban parte del mismo. Con base en los restos encontrados, se infiere que sus dimensiones eran de 5 metros de largo por 2.98 de ancho.

Las excavaciones en este predio también permitieron liberar los vestigios de una vivienda que fue habitada, posiblemente, por una familia indígena de origen noble, poco tiempo después de haberse consumado la conquista española.

Además, se hallaron diferentes estructuras arquitectónicas de una curtiduría, la cual funcionó en el último siglo del periodo novohispano, es decir, entre 1720 y 1820.

Foto: Edith Camacho. INAH.

Aunque excavaciones anteriores en la vecina Casa Talavera habían evidenciado estructuras arquitectónicas tenochcas, Esperón Calleja refirió que es la primera vez que se tiene un testimonio plausible de la vocación de Temazcaltitlan, un barrio donde se veneraba a deidades femeninas como Tlazolteotl, Ayopechtli o Ixcuina (diosa del parto), Coatlicue, Toci, Chalchiuhtlicue y Mayahuel, advocaciones ligadas a la tierra, a la fertilidad, al agua y al pulque.

El responsable del salvamento arqueológico agregó que el barrio de Temazcaltitlan pertenecía a la parcialidad de Teopan (también llamado Zoquipan), primer territorio lacustre ocupado por los mexicas. Esta zona fue la sede primigenia del islote en la que se produjo el avistamiento de las señales pronosticadas por Huitzilopochtli, como lo recuerda el monumento de «La aguilita», en la Plaza Juan José Baz, que le hace contraesquina.

Fuente: INAH/Milenio.

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